16 Mart 2016 Çarşamba

INTRODUCCION

INTRODUCCION

Ocasionalmente el individuo enfrenta distintas desgracias y molestias entre las que se encuentran sensaciones que afligen tanto que no se pueden comparar con ningún otro dolor físico. Ese sentimiento se llama “remordimiento”.
Pero hay dos formas de remordimiento totalmente distintas: una es la que siente el creyente y otra es la que experimenta el incrédulo. Entre ambas hay una gran diferencia. Los creyentes son quienes tienen una fe absoluta en que todo lo que sucede es porque Dios lo quiere así. Por lo tanto poseen el atributo de confiar de modo incontrovertible en Dios, tanto en momentos de bonanza como cuando hay problemas o comete errores. El Profeta Muhammad (PB)señaló en una tradición, mediante una comparación, la índole firme del creyente: “El creyente es como un sembrado sacudido por un viento pero que vuelve a su posición erguida original, firme sobre sus raíces (Muslim).
El creyente, al cometer un error, se arrepiente de inmediato y sinceramente, esperanzado en el perdón de Dios. En consecuencia, no se siente acongojado ni vive lamentándose. El remordimiento que siente el creyente lo impulsa a arrepentirse, purificarse y evitar repetir el error del caso. Es decir, le ayuda a rectificar los equívocos y a no hundirse en el pesimismo y la congoja. Además, no le reduce el entusiasmo, devoción o celo religioso ni le arrastra a un remolino de depresión y recelo.
El remordimiento sentido por los incrédulos, por otra parte, es muy angustiante y duradero, puesto que no confían en Dios cuando se encuentran en dificultades o cometen alguna transgresión. A lo largo de sus vidas usan expresiones como estas: “Nunca hubiese querido hacer esto”, “Nunca hubiese querido decir eso”, etc.
Lo más importante es que en la otra vida sufrirán un remordimiento mucho mayor. Quienes en esta vida transcurren sus días alejados de la religión (din), se lamentarán de ello. Porque en este mundo reciben la advertencia, se los invita al sendero recto y tienen tiempo suficiente para meditar y encauzarse en la vía correcta. Pero no escuchan lo que se les dice y pasan por alto la existencia del Más Allá como si nunca fueran a morir. Pero cuando partan de este mundo ya no tendrán ninguna posibilidad de retornar para corregir sus errores. Dios relata en el Corán esa situación penosa:
Os hemos prevenido contra un castigo cercano, el Día que el hombre medite en sus obras pasadas y diga el infiel: “¡Ojalá fuera yo tierra!” (Corán, 78:40).
Si pudieras ver cuando, puestos de pie ante el Fuego, digan: “¡Ojalá se nos devolviera (a la vida terrenal)! No desmentiríamos los Signos de nuestro Señor, sino que seríamos de los creyentes” (Corán, 6:27).
Y dirán: “Si hubiéramos oído o comprendido, no habríamos sido Compañeros del Fuego” (Corán, 67:10).
El objetivo de este libro es advertir a la gente de ese momento, cuando al lamentarse dirán: “Si hubiésemos entendido...”, “Si no hubiésemos rechazado los signos de nuestro Señor...”, “Si hubiésemos seguido a los que trajeron el mensaje...”, “Si nos hubiésemos comportado de tal y tal modo...”, etc. Y en consecuencia, invitarlos a vivir para Dios cuando aún tienen tiempo de corregir sus equivocaciones.
Hay que tener presente que el lamento de ese día no salvará a nadie de la cólera de Dios. La única manera de evitar caer en esa situación es someterse a El mientras aún hay tiempo y obrar de acuerdo con Sus órdenes.
Este libro es una invitación al camino de Dios y un recordatorio de las penalidades inevitables en el otro mundo, donde no habrá ninguna posibilidad de ocultarse o salvarse. Dios nos recuerda en el Corán:
Escuchad a vuestro Señor antes de que llegue un Día que Dios no evitará. Ese Día no encontraréis refugio, ni podréis negar (la culpa) (Corán, 42:47).

EL REMORDIMIENTO QUE SIENTEN LOS SERES HUMANOS EN EL MUNDO

EL REMORDIMIENTO QUE SIENTEN
LOS SERES HUMANOS EN EL MUNDO

 Volveos a vuestro Señor arrepentidos. Someteos a El antes de que os alcance el castigo, porque luego no seréis auxiliados. Seguid lo mejor que vuestro Señor os ha revelado (es decir, el Corán), antes de que os venga el castigo de repente, sin presentirlo (Corán, 39:54-55).
Cuando una persona está en peligro mortal, su “conciencia” recorre y justiprecia rápidamente todo lo vivido. Si no se ajustó a lo que marca la religión de Dios (din) como pautas y criterios a desarrollar y no se ocupó en realizar buenas acciones, se verá abrumada por la aflicción y la pena. Muchas cosas que descuidó en el tiempo vivido se le presentarán con toda claridad ante sus ojos. Quizás sea la primera vez que se dé cuenta de lo cerca que se encuentra la muerte. Seguramente reconocerá que la forma en que vivió no le acredita para el Paraíso. Toma conciencia de que no fue agradecida con Dios y percibe que eso tendrá consecuencia. Se siente atrapada por un temor espantoso que nunca había experimentado y comprende que sólo Dios puede salvarla de la situación en la que se halla. Entonces se compromete a ser agradecida y correcta con Dios y recordar siempre lo sucedido. Le implora con ardor que le salve y que le dé la posibilidad de seguir viviendo...
De todos modos, hay personas que después de sobrevivir a un peligro mortal no cumplen con lo prometido a Dios. Apenas se sienten a salvo, vuelven a su anterior estilo de vida. El sentimiento de remordimiento es reemplazado por la ingratitud. Olvidan lo que pensaban y percibían en el momento en que enfrentaban la desolación. Confiadas en haber superado el peligro, se alejan de Dios como si antes no hubieran experimentado el pesar ni Le hubieran implorado con ahínco. Al sentirse a salvo se ligan a lo mundanal más que antes, desconociendo la situación vulnerable en la que se encontraban. En el Corán se describe el estado psicológico de gente así. El es Quien os hace viajar por tierra o por mar. Cuando, navegando con viento favorable, contentos con él, se levanta un viento tempestuoso, azotan la olas por todas partes y creen llegada la hora de la muerte, invocan a Dios rindiéndole culto sincero:
“Si nos salvas de ésta, seremos, ciertamente, de los agradecidos”. Y apenas les salva, ya en tierra, al punto se insolentan injustamente. “Hombres. Vuestra rebelión se volverá contra vosotros. Tendréis breve disfrute de la vida de acá. Luego, volveréis a Nosotros y ya os informaremos de lo que hacíais” (Corán, 10:22-23).
Si sufrís una desgracia en el mar, los (falsos dioses) que invocáis se esfuman, El no. Pero, en cuanto os salva llevándoos a tierra firme, os apartáis. El hombre es muy desagradecido... ¿Estáis, pues, a salvo de que Dios haga que la tierra os trague o de que envíe contra vosotros una tempestad de arena? No podríais encontrar protector (Corán, 17:67-68).
Como se enfatiza en el versículo de arriba, ¿quién que haya salido indemne de una situación de riesgo puede estar seguro de que no enfrentará nuevamente un peligro igual u otro distinto? De la misma manera, ¿quién puede estar seguro de que saldrá indemne nuevamente? Está claro que nadie puede garantizar que no atravesará otros momentos de zozobra. También hay que tener presente que zafar de un peligro no cambia en nada el destino final de la persona. En definitiva, morirá exactamente cuando se le termine el período de vida que le corresponde. Si se lamenta entonces, ya no le servirá de nada.
Dios explica el estado psicológico de quienes viven alejados de la religión (din):
Cuando el hombre sufre una desgracia, Nos invoca, lo mismo si está echado que si está sentado o de pie. Pero, en cuanto le libramos de su desgracia, continúa su camino como si no Nos hubiera invocado por la desgracia que sufría. Así es como son engalanadas las obras de los inmoderados (Corán, 10:12).
Cuando los hombres sufren una desgracia, invocan a su Señor, volviéndose a El arrepentidos. Luego, cuando les ha hecho gustar una misericordia venida de El, algunos de ellos asocian otros dioses a su Señor (Corán, 30:33).
La gente descrita en estos versículos se vuelven hacia Dios al enfrentar dificultades. Pero apenas las superan olvidan las promesas hechas a El y se muestran ingratas. Esta actitud explica que el remordimiento que sentían surgía solamente de la impotencia que les invadía al enfrentar la dificultad.
Sin embargo, el remordimiento del creyente es muy distinto puesto que produce el mayor beneficio. Una compunción verdadera no se desconoce o descarta enseguida sino que impulsa a la persona a cambios fundamentales en su carácter. Quien se arrepiente sinceramente pasa el resto de la vida en consonancia con el beneplácito de Dios, en la esperanza de Su misericordia y perdón. Cuando las circunstancias cambian o se le concede una nueva posibilidad, nunca se atreve a volver a su forma de vida anterior porque es consciente que esa ingratitud irá en su desmedro.
Dios se refiere en el Corán al estado psicológico de la gente que enfrenta la muerte a bordo de una nave, de modo que pueda servir de advertencia a la humanidad en su conjunto, puesto que esa disposición está presente en el “yo” de todas las personas. Del ejemplo descrito en el versículo antes citado habría que extraer una lección: es muy importante evitar ese aspecto negativo del alma y realizar un serio examen de conciencia. Luego habría que hacerse las siguientes preguntas:
1) Si hubiese estado en una situación similar, ¿cuál hubiese sido mi estado psicológico?
2) ¿De qué me lamentaría?
3) ¿Qué cambios radicales me prometería a mí mismo respecto de mi conducta, debido a que fui salvado del peligro?
4) ¿A qué renunciaría y qué decisiones pondría en práctica con sinceridad?
Para considerar esto y actuar en consecuencia no es necesario para nada correr un peligro físico. Lo más probable es que quien no considere de manera apropiada que le puede acontecer algo así, podría experimentarlo en cualquier momento. O puede que nunca. Sin embargo, en ambos casos hay algo que es cierto: cuando a una persona le llega la hora de partir de este mundo, encuentra a los ángeles de la muerte frente a ella de manera instantánea. Si llevó una vida apartada de lo recomendado por Dios, en ese instante reconocerá que hay cosas de las que lamentarse.
Lo único que se debe hacer para evitar los pesares de este mundo y del otro, es volverse hacia Dios, ser cuidadoso de las obligaciones propias de los seres humanos frente a El y cumplir Sus órdenes comunicadas mediante el Corán. La muerte está demasiado cerca, por lo que el ser humano no debería demorarse en cumplir con sus responsabilidades. Debería volcarse a la acción con decisión, sinceridad, paciencia y determinación. La sinceridad y cercanía a Dios debería ser igual o superior a la que se siente en momentos de peligro e impotencia.
El hecho más importante a recordar es el siguiente: el principal propósito de la existencia del ser humano en este mundo es servir a Dios y ser un siervo que anhela Su agrado. Excepto esto, todo lo demás, es decir, el éxito personal, las posesiones mundanas, la familia, la profesión, etc., son solamente los medios por los cuales se puede lograr una mayor cercanía a El. Quien se esfuerza por alcanzar solamente esos medios, olvidando o ignorando que son favores concedidos por Dios para que se pueda volver a El y agradecerle, descubrirá que el empeño puesto no le reditúa nada bueno, que sus esfuerzos resultaron vanos, improductivos para el bienestar trascendente, a menos que el Todopoderoso desee otra cosa. Es decir, el beneficio temporario que se obtiene en este mundo puede no servir para nada en el otro mundo. Esto último enfatiza Dios en un versículo y exhibe el agobio que producirá la aflicción que se sentirá entonces:
Di: “¿Os daré a conocer quiénes son los que más pierden por sus obras, aquéllos cuyo celo se pierde en la vida de acá mientras creen obrar bien?”. Son ellos los que no creen en los Signos de su Señor, ni en que Le encontrarán. Vanas habrán sido sus obras y el Día de la Resurrección no les reconoceremos peso (Corán, 18:103-105).
Siempre que la persona obtiene la complacencia de Dios a través de sus principios éticos y conducta, El la protegerá tanto en este mundo como en el otro. Sin embargo, si pierde la oportunidad en esta vida, se arrepentirá de ese error tan terrible en el momento en que se le presenten los ángeles de la muerte. Dicho error, difícil de ser igualado, provocará una pena eterna, a menos que Dios quiera otra cosa. El Todopoderoso describe en el Corán el pesar que gente así siente en Su presencia:
y dirá: “¡Ojalá hubiera enviado por delante (buenas obras) para mi (otra) vida!” (Corán, 89:24).
....y decía: “¡Ojalá no hubiera asociado nadie a mi Señor!” (Corán, 18:42).
el día que el impío se muerda las manos (de pesar) diciendo: “¡Ojalá hubiera seguido un mismo camino que el Enviado!” (Corán, 25:27).
La persona a la que de ningún modo le gustaría pronunciar esas palabras, debería someterse a nuestro Señor ahora mismo y vivir según los principios establecidos por su Creador.

El Arrepentimiento Que Se Siente En Este Mundo Debería Servir De Advertencia

La vida en este mundo es una oportunidad importante concedida al ser humano para que pueda ganarse la vida perfecta y eterna en el otro mundo.
Quienes no aprovechan esta oportunidad y viven alejados de la religión de sumisión a Dios, lamentarán cada instante desperdiciado al ver los tormentos en el Más Allá. Y esto será así porque aquí se les informa y advierte varias veces de la existencia de las dos moradas: el Infierno y el Paraíso. También se les informa que su conducta en la Tierra determinará la morada que obtendrán, como lo dijo el Profeta (BP): “El mundo es campo de cultivo del Más Allá”. (Es decir, lo que se siembra en este mundo se recoge en el otro) (Ihya’ al-ulum, iv, 14).
Dios misericordioso nos prepara para que podamos hacer la mejor elección en este mundo a través de la enseñanza obtenida del remordimiento que sentimos. De ese modo en el otro mundo evitaremos llegar a sentir lo mismo y caer en una situación ominosa irreversible. Además, Dios da a la gente cierta cantidad de tiempo para autopurificarse de sus errores y actitudes ultrajantes. A todo ser humano se le ofrece, mientras vive, la posibilidad de arrepentirse y transcurrir el resto de su existencia en el camino de Dios.
Visto desde este punto, el remordimiento es realmente una gran oportunidad que Dios concede al ser humano. Porque si después se vuelve hacia Dios, El le concede la salvación eterna en respuesta a su sinceridad. Por el contrario, si se ignoran esas oportunidades o advertencias, entonces el castigo será la compunción y aflicción, a menos que Dios desee otra cosa.
Dios da en el Corán varios ejemplos de personas que se lamentaron de sus errores. El remordimiento animó a un grupo de gente a volverse hacia Dios y se cuidaron de repetirlos por el resto de sus vidas. Pero otro grupo se olvidó totalmente de las situaciones deplorables que atravesó, por lo que además de recaer en la ignorancia, volvió a su anterior rebelión:
Dios se ha vuelto al Profeta, a los emigrados y a los auxiliares, que le siguieron en una hora de apuro, luego de haberse casi desviado los corazones de algunos de ellos. Se ha vuelto, después, a ellos. Dios es con ellos manso, misericordioso. Y (Dios se ha vuelto también) a los tres (auxiliares) que fueron dejados detrás hasta que la tierra, a pesar de su vastedad, les resultó angosta, y sus espíritus se angustiaron también, y creyeron que no había más refugio contra Dios que El mismo. Luego, se volvió a ellos para que se arrepintieran. Dios es el Indulgente, el Misericordioso (Corán, 9:117-118).
Como aprendemos de los versículos mencionados, las tres personas que quedaron rezagadas sufrieron un gran remordimiento en sus corazones. En consecuencia, comprobaron que la única manera de salvarse de ese pesar era arrepentirse y buscar refugio en Dios. Este es el remordimiento sincero que moviliza a la gente, la cambia y la impulsa a corregir sus errores. Gente así llevará una vida en consonancia con la aquiescencia de Dios, esperanzada en Su compasión y misericordia. El Corán nos informa que seguramente El aceptará el arrepentimiento de Sus siervos y les perdonará:
No así quien se arrepienta, crea y obre bien. A éstos Dios les cambiará sus malas obras en buenas. Dios es indulgente, misericordioso. Quien se arrepienta y obre bien dará muestras de un arrepentimiento sincero (Corán, 25:70-71).
Con quienes, habiendo obrado mal, luego se arrepientan y crean, tu Señor será, sí, indulgente, misericordioso (Corán, 7:153).
Yo soy, ciertamente, indulgente con quien se arrepiente, cree, obra bien y, luego, se deja dirigir bien (Corán, 20:82).
En el Corán también se habla de esos pueblos a los que fueron enviados los profetas y que tuvieron que lamentarse de sus acciones incorrectas. Menciona al pueblo del profeta Moisés que no pudo esperar su regreso del Monte Sinaí con el mensaje de Dios, se olvidó de El y recayó en la idolatría. Dios describe el gran pesar de este pueblo por sus pecados de la siguiente manera:
Y el pueblo de Moisés, ido éste, hizo un ternero de sus aderezos, un cuerpo que mugía. ¿Es que no vieron que no hablaba ni les dirigía? Lo tomaron (como ídolo) y obraron impíamente. Y, cuando se arrepintieron y vieron que se habían extraviado, dijeron: “Si nuestro Señor no se apiada de nosotros y nos perdona, seremos, ciertamente, de los que pierden” (Corán, 7:148-149).
Dios enfatiza otra vez en el Corán la compunción en el relato de los propietarios de la huerta. Se la concedió como un favor. Pero se tornaron arrogantes, la poseyeron de modo egoísta y se olvidaron de ser agradecidos con Dios. En consecuencia, el castigo que recibieron les causó un gran pesar y se volvieron hacia El:
Les hemos probado (a los infieles mecanos) como probamos a los dueños de la huerta. Cuando juraron que recogerían sus frutos por la mañana, sin hacer salvedad (es decir, sin añadir, “si Dios quiere”). Mientras dormían, cayó sobre ella (la huerta) un azote enviado por tu Señor y amaneció como si hubiera sido arrasada. Por la mañana (cuando aún no sospechaban nada), se llamaron unos a otros: “¡Vamos temprano a nuestro campo, si queremos recoger los frutos!”. Y se pusieron en camino, cuchicheando. “¡Ciertamente, hoy no admitiremos a ningún pobre!”. Marcharon, pues, temprano, convencidos de que serían capaces de llevar a cabo su propósito. Cuando la vieron dijeron: “¡Seguro que nos hemos extraviado! ¡No, se nos ha despojado!”. El más moderado de ellos dijo: “¿No os lo había dicho? ¿Por qué no glorificáis (a Dios)?”. Dijeron: “¡Gloria a nuestro Señor! ¡Hemos obrado impíamente!”. Y pusiéronse a recriminarse. Dijeron: “¡Ay de nosotros, que hemos sido rebeldes (a Dios)! Quizá nos dé nuestro Señor, a cambio, algo mejor que esta (huerta). Deseamos ardientemente a nuestro Señor” (Corán, 68:17-32).
En vez de arrepentirse, deplorar lo hecho y encaminarse con ánimo renovado a obrar correctamente, la mayoría de las personas olvidan las advertencias cuando las condiciones cambian o se les da una nueva posibilidad. Quienes ignoran las advertencias y vuelven a su forma de proceder anterior, seguramente recibirán el castigo apropiado —a menos que se arrepientan a tiempo— como fue el caso con Tamud, el pueblo del profeta Salih. Ese pueblo rechazó estentóreamente las advertencias del profeta Salih, a pesar de que sabía que se arrepentiría por la condena a la que estaría destinado inevitablemente. Ciertamente, Dios nunca rompe Su promesa. De eso es de lo que nos informa en el Corán para que sirva de lección a todos los seres humanos:
Dijo (Salih): “He aquí una camella. Un día le tocará beber a ella y otro día a vosotros. No le hagáis mal. Si no, os sorprenderá el castigo de un día terrible”. Pero ellos la desjarretaron... y se arrepintieron. Y les sorprendió el Castigo. Ciertamente, hay en ello un Signo, pero la mayoría no creen. En verdad, tu Señor es el Poderoso, el Misericordioso (Corán, 26:155-159).
Hay que recordar que Dios es justo. No deja sin atender ninguna falta. Pero es generoso y premia las buenas acciones que se hacen en Su nombre. De Su misericordia y el Paraíso da buenas nuevas a quienes se vuelven hacia El con arrepentimiento sincero. En consideración de lo dicho habría que preguntarse: si uno es consciente de las intensas tribulaciones que provoca una aflicción temporaria en este mundo, ¿vale la pena arriesgarse a una congoja que puede ser eterna? No hay que olvidar que se trata de una pesadumbre sin fin en el Infierno después de morir...
Por cierto, nadie debería exponerse a un dolor así en el Más Allá. Está claro lo que se debería hacer: cada individuo que habita este mundo aún dispone de su oportunidad. Quien es capaz de capitalizar ese favor de Dios, no sólo se salvará del fuego sino que también obtendrá las bendiciones de este mundo temporario y las del otro, que serán eternas.
En consecuencia, cada persona que se disponga a hacer el esfuerzo por obtenerlas y evitar así el lamento de los Compañeros del Fuego, debe dedicarse incondicionalmente a agradar a Dios para seguir el camino que lleva al ser humano de la oscuridad a la luz. Dios estableció ese camino en algunos versículos:
El es Quien, con Sus ángeles, os bendice para sacaros de las tinieblas a la luz. Es misericordioso con los creyentes. El día que Le encuentren, serán saludados con: “¡Paz!”. Les habrá preparado una recompensa generosa (Corán, 33:43-44).

EL COMIENZO DEL LAMENTO DE LOS INCREDULOS: LA MUERTE



EL COMIENZO DEL LAMENTO DE
LOS INCREDULOS: LA MUERTE

 Cada uno gustará la muerte. Os probamos tentándoos con el mal y con el bien. Y a Nosotros seréis devueltos (Corán, 21:35).
Quienes no creen en la otra vida consideran que con la muerte termina todo, llega la destrucción definitiva. Sin embargo, los creyentes consideran equivocada la percepción mencionada. Entienden que la muerte conlleva otra vida. Es decir, no se trata de un fin sin más: los obedientes a Dios comenzarán una existencia perfecta y eterna en el Paraíso, donde no hay nada malo ni defectuoso; los incrédulos sufrirán la condena del Infierno, donde se sufren grandes penalidades.
Quienes comprenden esta realidad, en general transcurren sus últimos días en el mundo de manera agradable hasta que la muerte los conduce al inicio de la existencia en el Más Allá. Ambas cosas suceden simultáneamente. Pero los incrédulos chocarán con el irreparable pesar de no haber tenido en cuenta dicha realidad, que siempre se les informa con antelación. Sufrirán ese pesar en todo momento, en tanto Dios lo quiera, y nunca encontrarán tregua.
Aunque la mayoría de la población nunca piensa profunda y seriamente en la muerte, se trata de una posta inevitable. Dios la ha creado como la conclusión definida de esta vida. Hasta ahora no hubo ninguna excepción. Por cierto, todos la encontrarán. Dios se refiere a esto en muchos versículos:
Dondequiera que os encontréis, la muerte os alcanzará, aun si estáis en torres elevadas... (Corán, 4:78).
Di: “La muerte, de la que huís, os saldrá al encuentro. Luego, se os devolverá al Conocedor de lo oculto y de lo patente y ya os informará El de lo que hacíais” (Corán, 62:8).
Cuando le vence a uno su plazo, Dios no le concede prórroga. Dios está bien informado de lo que hacéis (Corán, 63:11).
Pero si se elude meditar sobre la muerte y la vida después de la muerte, ¿no será posible evitar esa realidad que se plantea? Por cierto que la respuesta a esta pregunta es “No”. Si el ser humano se desespera frente a la muerte, lo más racional que puede hacer es meditar permanentemente sobre la misma y estar preparado para la otra vida, como lo dijo el Profeta Muhammad (BP):
“Examinen mucho el tema de la muerte. Dios abre el corazón de la persona que piensa mucho en la muerte y se la hace agradable” (Narrado por Abu Huraira).
La muerte toma por sorpresa a quienes descuidan pensar en el Más Allá, porque esta vida efímera les distrae. Los que dicen, “Mientras seamos jóvenes podremos hacer todo lo que queremos y recién en los últimos años de vida pensaremos en la muerte”, saben que nunca tendrán esa oportunidad, es decir, se autoengañan. Y es así porque Dios determina el período de vida terrenal de cada uno de nosotros. Hay personas que mueren antes de llegar a ser ancianas. En ese caso, si se dedicaron a hacer planes para el futuro y pospusieron cumplir con lo que Dios ordena, se verán inmersas en un lamento espantoso.
Dicha situación es la que atraviesan quienes pasan la vida alejados de Dios y solamente se arrepienten al darse cuenta de que están por morirse. Pero el arrepentimiento que se presenta debido al temor que produce el acecho de la muerte, sin que haya una intensión sincera de corregirse y purificarse, no puede ser aceptado por Dios. Los que se aferran tanto a la existencia mundanal a pesar de que la muerte es una realidad, se esfuerzan con desesperación por salvarse solamente cuando comprueban que la parca está muy cerca. Pero esa actitud ya no les reditúa ningún beneficio. Dios sabe que es una hipocresía puesto que El está más cerca del ser humano que su propia vena yugular. Sabe todo lo que el ser humano encierra, incluso sus pensamientos más íntimos y sus secretos mejor guardados. Dios nos informa en el Corán que no aceptará el arrepentimiento basado en el temor a la muerte a último momento:
Que no espere perdón quien sigue obrando mal hasta que, en el artículo de la muerte, dice: “Ahora me arrepiento”. Ni tampoco quienes mueren siendo infieles. A éstos les hemos preparado un castigo doloroso (Corán, 4:18).
En muchos versículos se dice que al concederse otra posibilidad de seguir con vida a la gente mentirosa, se exhiben enseguida desagradecidas:
Si pudieras ver cuando, puestos de pie ante el Fuego, digan: “Ojalá se nos devolviera (a la Tierra). No desmentiríamos los Signos de nuestro Señor, sino que seríamos de los creyentes”. Pero no. Se les mostrará claramente lo que antes ocultaban. Si se les devolviera, volverían a lo que se les prohibió. Mienten, ciertamente (Corán, 6:27-28).
Por este motivo sería erróneo considerar algo racional decir “Me arrepentiré en el momento apropiado”. Esa forma de pensar no salvará a nadie de los tormentos del Infierno. En consecuencia, si no se quiere sufrir atroces penalidades eternas después de la muerte, habría que vivir con un propósito, sabiendo que el encuentro con Dios es ineludible y que hay que rendir cuentas con El de todo lo hecho en el mundo.

El Pesar De Los Incrédulos En El Momento De La Muerte

A la gente se le recuerda muchas veces a lo largo de sus vidas la existencia del Jardín y del Infierno y que tienen que estar preparadas para la vida en el otro mundo. Pero los incrédulos son sordos a ese recordatorio o advertencia. En consecuencia, una de las cosas que más les abate al enfrentar la muerte, es saber que la desolación que tienen por delante la forjaron ellos mismos. Nadie los forzó. Por propia voluntad eligieron ese fin horrendo. Y comienzan a sufrir la aflicción al momento de morir. El horroroso temor que se siente entonces, es la congoja inicial del tormento que les espera, el cual Dios ejemplifica en el Corán:
y se junte una pierna con otra (como preludio de la muerte), ese día la marcha será hacia tu Señor. No creyó, ni oró, antes bien, desmintió y se desvió. Luego se volvió a los suyos con andar altanero. ¡Ay de ti! ¡Ay! ¡Sí! ¡Ay de ti! ¡Ay! (Corán, 75:29-35).
Hay que tener presente que sólo los incrédulos sufren este temor. Los creyentes se pasan toda la vida trabajando para obtener el agrado y amor de Dios. Es por eso que siempre están esperanzados en la salvación. Los incrédulos, en cambio, experimentan un remordimiento tardío al percibir que tienen la muerte encima. Pero esa compunción de ninguna manera los coloca a salvo del castigo porque ya es demasiado tarde. En el Corán se dice que en el momento de la muerte las almas de los incrédulos son tomadas en medio de un gran sufrimiento y obstáculos:
...Si pudieras ver cuando estén los impíos en su agonía y los ángeles extiendan las manos: “¡Entregad vuestras almas! Hoy se os va a retribuir con un castigo degradante, por haber dicho falsedades contra Dios y por haberos desviado altivamente de Sus signos”... (Corán, 6:93).
¿Qué pasará cuando los ángeles les llamen, golpeándoles en el rostro y en la espalda? (Corán, 47:27).
Sin duda, no es posible comprender totalmente lo que experimentan los incrédulos en el momento de la muerte. Pero Dios describe dicha situación de modo que el ser humano pueda reflexionar y no terminar su vida en este mundo con esa perspectiva estremecedora. Los ángeles de la muerte, como indican los versículos, tomarán las almas de los incrédulos al mismo tiempo que les golpearán en el rostro y en la espalda. Entonces sufrirán dolores físicos acompañados de una profunda aflicción, puesto que sabrán que no tienen ninguna oportunidad de retornar a la vida perdida.
En el trance de expirar, el ser humano es perfectamente consciente de lo que tiene por delante. Se trata del comienzo de su vida eterna, porque la muerte es solamente una fase de transición. En realidad, es la separación del alma del cuerpo físico.
Los incrédulos al fallecer comprenderán, en consonancia con el tormento que sufrirán, que serán sometidos a una gran penalidad eterna, a menos que Dios quiera otra cosa. Quienes vivieron alejados de la religión de Dios, empezarán a implorar ardientemente Su perdón y protección. Rogarán ser enviados a este mundo nuevamente para realizar buenas acciones y compensar lo que han dejado de hacer. Pero esos deseos no serán aceptados porque ya se les habrá dicho, ¿Es que no dimos una vida suficientemente larga como para que se dejara amonestar quien quisiera?... (Corán, 35:37). Se les había dado buenas nuevas del Paraíso y también se les había advertido sobre el Fuego del Infierno, pero desconocieron esas verdades a conciencia. Dios nos dice en el Corán que esa gente tendería nuevamente a negarlas si se les da otra oportunidad:
Cuando, al fin, viene la muerte a uno de ellos, dice: “¡Señor! ¡Hazme volver (a la Tierra)! Quizás, así, pueda hacer el bien que dejé de hacer”. ¡No! No son sino meras palabras... (Corán, 23:99-100).
Es de manera consciente que los incrédulos no se prosternan ante Dios, no cumplen Sus órdenes, no acatan su moralidad sublime. Dios dice en el Corán que cuando les llegue la muerte no serán capaces ni siquiera de prosternarse:
El Día que las cosas se pongan mal y sean invitados a prosternarse, no podrán. Abatida la mirada, cubiertos de humillación, porque fueron invitados a prosternarse cuando aún estaban en seguridad (y no lo hicieron)... (Corán, 68:42-43).
Hay otro punto que agregar al lamento de quienes en el momento de la muerte comprenden que todo lo prometido por Dios es cierto: el de no haber tenido confianza a los creyentes ni tomarlos en serio hasta el punto de reírseles en este mundo. Los que resultan del agrado de Dios no sufrirán ninguna de las aflicciones por las que pasarán los rebeldes a El. Los creyentes serán premiados eternamente con el mejor de los premios porque invirtieron toda su vida en obtener el consentimiento de Dios. Sus almas serán extraídas suavemente, sin dolor, cosa que no sucede con las de los incrédulos (Corán, 79:2). Como describe Dios en el versículo, los ángeles saludan a los creyentes y les dan la buena nueva del Jardín:
a quienes, buenos, llaman los ángeles diciendo: “¡Paz sobre vosotros! Entrad en el Jardín como premio a vuestras obras” (Corán, 16:32).
Este será otro tormento mental para los incrédulos, pues mientras estuvieron en el mundo se les ofrecieron las mismas oportunidades que tuvieron los creyentes. No obstante, canjean voluntariamente las bendiciones eternas del Jardín por los escasos beneficios de la vida mundanal. Aunque se les recuerda que el mundo es simplemente un lugar de prueba para el ser humano y que la morada verdadera está en el Más Allá, pretenden ignorarlo. Por lo tanto no se ocupan en hacer buenas obras para alcanzar el Paraíso. Pero el vivir por medio de las normas morales coránicas y ser un creyente sincero es posible para cualquiera que tenga una intención comprometida. Los incrédulos verán incrementado su pesar cuando sopesen todo esto. Dice Dios en un versículo:
Quienes obran mal ¿creen que les trataremos igual que a quienes creen y obran bien, como si fueran iguales en vida y luego de muertos? ¡Qué mal juzgan! (Corán, 45:21).
En otras palabras, cada alma será premiada apropiadamente: las buenas con magníficas novedades y la malas con un castigo colérico.
Además, el pesar de los incrédulos aumentará al saber que les espera el Infierno. Hasta ese momento lo único que habrán experimentado es el sufrimiento por la extirpación de su almas. De cualquier modo ese sufrimiento les hará tomar consciencia de la inminente perdición o condena eterna.
Esa aflicción de los incrédulos comienza con la muerte y dura tanto como Dios quiere. En todo instante, a toda hora y todos los días, sufrirán penalidades de las que no se salvarán por más que lo lamenten.
Sin embargo, está en manos del ser humano no sufrir esa situación deplorable. No es necesario llegar al momento de fallecer para comprender la realidad de la muerte y el Más Allá. Para los creyentes es suficiente la promesa e información de Dios. Por cierto, en la otra vida prevalece la justicia de El: los que Le rechazan son castigados con el fuego y los que Le veneran sinceramente premiados con los Jardines del Paraíso.
En consecuencia, lo más sabio, lo más atinado, es buscar refugio en Dios y anhelar Su perdón antes de encontrarse con la muerte. Además, hace falta estudiar con atención el Corán —la única guía que tiene la humanidad hacia el sendero recto— y la tradición del Profeta Muhammad (BP), para llegar a una comprensión acabada de todo lo que aquí tratamos y vivir según sus órdenes. En vez de rehuir pensar en la muerte deberíamos beneficiarnos por medio de sopesar apropiadamente su realidad, significado y cercanía, para obrar en consecuencia.
Quien se vuelve hacia Dios y anhela Su beneplácito, tanto en este mundo como en el otro, entrará al Jardín complacido con su Señor y su Señor complacido con él. En el Corán se da la buena nueva de esto:
“¡Alma sosegada! ¡Vuelve a tu Señor, satisfecha, acepta! ¡Y entra con Mis siervos, entra en Mi Jardín!” (Corán, 89:27-30).
Para salvarse de la congoja eterna y ganarse la bienaventuranza eterna hay que reflexionar sobre la muerte y la otra vida y conducirnos según nos lo determina Dios, el creador del ser humano y de todo.

LA AFLICCION QUE SE SENTIRA EL DIA DEL JUICIO UNIVERSAL

LA AFLICCION QUE SE SENTIRA
EL DIA DEL JUICIO UNIVERSAL

 Se tocará la Trompeta y los que estén en los cielos y en la tierra caerán fulminados, excepto los que Dios quiera. Se tocará la Trompeta otra vez y he aquí que se pondrán en pie, mirando. La tierra brillará con la luz de su Señor. Se sacará la Escritura. Se hará venir a los profetas y a los testigos. Se decidirá entre ellos según justicia y no serán tratados injustamente. Cada uno recibirá conforme a sus obras. El sabe bien lo que hacen (Corán, 39-68-70)
Todos los que han vivido en la Tierra serán resucitados el Día del Juicio. Para los incrédulos resultará un instante intrincado. Dios nos informa en el Corán sobre la conversación azorada entre ellos en el momento de la resurrección:
Dirán: “¡Ay de nosotros! ¿Quién nos ha despertado de nuestro lecho (es decir, la tumba)? Esto es aquello con que el Compasivo nos había amenazado. Los enviados decían verdad” (Corán, 36:52).
Se acerca la amenaza verdadera. Los infieles, desorbitados los ojos (de terror): “¡Ay de nosotros, que no sólo nos traía esto sin cuidado, sino que obrábamos impíamente!” (Corán, 21:97).
La expresión ¡Ay de nosotros! exhibe el gran pánico, temor y aflicción de los incrédulos, pues comprueban que lo advertido respecto a la otra vida era cierto y correcto. Muy a su pesar, les quedará en claro que las otras advertencias se concretarán una tras otra. Sin ninguna posibilidad de escapar, serán arrastrados a ese tormento que nunca consideraron real.
Después de levantarse de la muerte serán puestos ante Dios. Se les pedirá cuenta de lo que hicieron en el mundo y se los juzgará en consecuencia:
Día en que se tocará la Trompeta y acudiréis en masa (Corán, 78:18).
El Día del Juicio Universal los incrédulos comprenderán que ninguna otra acción es más importante que ganarse el beneplácito de Dios y evitar Su cólera. Esto se comunica también en una tradición del Profeta (BP) en la que presenta como ejemplo lo que se le preguntará al no creyente el Día de la Resurrección:
“Supón que tenías tanto oro como para cubrir la Tierra. ¿Lo ofrecerías como rescate?”. Responderá: “Si”. Entonces se le dirá: “Se te pidió algo más fácil que eso pero te negaste (es decir, se le pidió que acepte el Islam y por lo tanto que no asocie nada ni nadie a Dios)” (Bujari)
El no haber comprendido esto en la vida terrenal, donde los Signos de la potestad y existencia de Dios son obvios, intensificará su aflicción. Ese día verán con toda claridad que perdieron una gran oportunidad. El pesar que padecerán será manifiesto por la forma en que hablarán:
el día que el impío se muerda las manos (de pesar) diciendo: “¡Ojalá hubiera seguido un mismo camino que el Enviado! ¡Ay de mí! ¡Ojalá no hubiera tomado a fulano como amigo! Me he desviado de la Amonestación, después de haber venido a mí”. El Demonio siempre deja colgado al hombre (Corán, 25:27:29).
El Día del Juicio los incrédulos estarán tan ocupados con sus propias tribulaciones que no escucharán el llamado de sus hijos, esposas, madres y padres. En el Corán se describe así esa situación:
Pero, cuando venga el Estruendo, el Día que el hombre huya de su hermano, de su madre y de su padre, de su compañera y de sus hijos varones, ese Día, cada cual tendrá bastante consigo mismo (Corán, 80:33-37).
El concepto de linaje pierde categoría. Desde entonces en adelante lo único que interesa es salvarse del castigo de Dios. Y esto es tan importante, que con el objeto de poder lograrlo los incrédulos ofrecerán en sacrificio sus propios hijos, esposas, hermanos, etc:
El Día que el cielo parezca metal fundido, y las montañas, copos de lana, y nadie pregunte por su amigo ferviente. (A los infieles) Les será dado verles. El pecador querrá librarse del castigo de ese Día ofreciendo como rescate a sus hijos varones, a su compañera, a su hermano, al clan que le cobijó, a todos los de la tierra. Eso le salvaría (Corán, 70:8-14).
Seguramente esos esfuerzos de los incrédulos no tendrán ningún resultado positivo, pues su principal objetivo en la vida mundanal es amasar fortunas, conseguir una graduación académica o tener descendencia. Emplean toda la vida en eso o cosas parecidas. Pero el Día del Juicio entenderán que esas aspiraciones, por sí solas, no son de gran valor y querrán hacerse humo, desaparecer. Para los creyentes, en cambio, es el instante esperado con pasión y regocijo. Dios describe esa circunstancia:
Ese Día, unos rostros estarán radiantes, risueños, alegres, mientras que otros, ese Día, tendrán polvo encima, los cubrirá una negrura: ésos serán los infieles, los pecadores (Corán, 80:38-42).
El Día del Reconocimiento, los valores más preciosos serán las acciones correctas hechas con el único objetivo de obtener el agrado de Dios. Pero los no creyentes nunca se mostraron tenaces por alcanzar ese tesoro que permite la salvación eterna. Ese día no tendrán ninguna bendición o acción buena para presentar ante Dios. Y al no tener fe en El, los esfuerzos correctos que pudieron haber hecho habrán sido desperdiciados. Dios comunica esto:
Di: “¿Os daré a conocer quiénes son los que más pierden por sus obras, aquéllos cuyo celo se pierde en la vida de acá mientras creen obrar bien?”. Son ellos los que no creen en los Signos de su Señor, ni en que Le encontrarán. Vanas habrán sido sus obras y el Día de la Resurrección no les reconoceremos peso (Corán, 18:103-105).
Quienes niegan la religión (din) y albergan dudas acerca de la existencia del Día del Juicio, no sentirán ninguna necesidad de estar preparados para esa ocasión cercana. Durante toda la vida en lo único que se ocupan es en acumular riquezas y seguir sus deseos vanos. Pero a la hora de rendir cuentas harán frente a una aflicción de la que nunca se librarán. Dios lo comunica así en el Corán:
Dirán: “¡Ay de nosotros! ¡Este es el Día del Juicio!”. (A los infieles se les dirá:)“Este es el Día del Fallo, que vosotros desmentíais” (Corán, 37:20-21).
Además, ese Día los no creyentes verán que quedan expuestas ante Dios todas sus acciones inescrupulosas, desagradables y aciagas. Cada uno de ellos testimoniará los pecados cometidos. Dios describe esa situación en el Corán:
y sean presentados en fila ante tu Señor. “Venís a Nosotros como os creamos por vez primera. Y ¿pretendíais que no íbamos a citaros?”. Se expondrá la Escritura y oirás decir a los pecadores, temiendo por su contenido: “¡Ay de nosotros! ¿Qué clase de Escritura es ésta, que no deja de enumerar nada, ni grande ni pequeño?”. Allí encontrarán ante ellos lo que han hecho. Y tu Señor no será injusto con nadie (Corán, 18:48-49).
Ese Día los hombres surgirán (de las sepulturas) en grupos, para que se les muestren sus obras. Quien haya hecho el peso de un átomo de bien, lo verá. Y quien haya hecho el peso de un átomo de mal, lo verá (Corán, 99:6-8).
Como expresa Dios en el Corán, llegará el momento en que los incrédulos verán el registro de sus conductas.
Los creyentes recibirán el registro por el lado derecho, en tanto que los incrédulos por el lado izquierdo. Desde el instante en que los ángeles de la muerte tomen las almas de los incrédulos, quedarán sometidos a un sufrimiento sin fin. Padecerán más sufrimientos al recibir la anotación de sus acciones. Evitarán leer los crímenes que cometieron contra Dios y desearán desaparecer. Dios caracteriza esa situación:
Aquél que recibe su Escritura en la siniestra, dirá: “¡Ojalá no se me hubiera entregado mi Escritura y no hubiera conocido el resultado de mi Reconocimiento! ¡Ojalá hubiera sido (mi muerte) definitiva! De nada me ha servido mi hacienda. Mi poder me ha abandonado” (Corán, 69:25-29).
Os hemos prevenido contra un castigo cercano, el Día que el hombre medite en sus obras pasadas y diga el infiel: “¡Ojalá fuera yo tierra!” (Corán, 78:40).
Pero aquél que reciba su Escritura detrás de la espalda invocará la destrucción (para que le libere del tormento), pero arderá en el fuego de la Hoguera que Chamusca. Vivía (en la Tierra) alegre con los suyos, creyendo que no iba a volver (a Dios) ¡Claro que sí! Su Señor le veía bien (Corán, 84:10-15).
Ese Día, unos rostros estarán radiantes, risueños, alegres, mientras que otros, ese Día, tendrán polvo encima, los cubrirá una negrura: ésos serán los infieles, los pecadores (Corán, 80:38-42).
Los incrédulos, al ser espectadores de esas escenas, comprenderán la oportunidad que perdieron en el mundo, lo cual aumentará su angustia. Y además observarán la vida dichosa de los creyentes en el Paraíso. Si bien éstos les habían invitado a la verdad, la rechazaron con arrogancia y se hicieron los sordos.
Pero habrá llegado la hora de la “balanza justiciera”. La gente será conducida al Paraíso o al Infierno según sus antecedentes. El Día del Juicio los incrédulos verán a donde se dirigirán. Entonces les invadirá el temor:
Verás a los impíos temer por lo que han merecido, que recaerá en ellos, mientras que los que hayan creído y obrado bien estarán en los prados de los jardines y tendrán junto a su Señor lo que deseen. Ese es el gran favor (Corán, 42:22)
Prevalecerá la justicia de Dios, lo que asegura el premio y el castigo más perfecto:
Para el Día de la Resurrección dispondremos balanzas que den el peso justo y nadie será tratado injustamente en nada. Aunque se trate de algo del peso de un grano de mostaza, lo tendremos en cuenta. Bastamos Nosotros para ajustar cuentas (Corán, 21:47).
Los creyentes transcurrirán este proceso con tranquilidad. Sin embargo, para los incrédulos resultará difícil y penoso porque serán interrogados por cada una de las bendiciones que Dios les concedió en el mundo. Rendirán cuenta de cada instante de sus vidas: del rechazo a obrar según las órdenes de Dios, de sus acciones desagradables, de su insubordinación e insultos ocultos, de las advertencias que ignoraron. Por otra parte, ya no serán para nada aceptables las excusas hipócritas que usan en este mundo. Dios grafica la posición en la que se encontrarán ese día:
Ese Día, ¡ay de los desmentidores! Ese será un día en que (los réprobos) no tendrán qué decir ni se les permitirá excusarse. Ese Día, ¡ay de los desmentidores! “Este es el Día del Fallo. Os hemos reunido, a vosotros y a los antiguos. Si disponéis de alguna artimaña, ¡empleadla contra Mí!”. Ese día, ¡ay de los desmentidores! (Corán, 77:34-40) .
Cada incrédulo que no tenga ninguna acción buena para presentar ante Dios sabrá lo que se ha preparado (Corán, 81:14), es decir, la morada en el Infierno. Dios describe en el Corán ese lugar de tormento como “un abismo”:
Entonces, el autor de obras de peso gozará de una vida agradable (en el Paraíso), mientras que el autor de obras ligeras tendrá un abismo por morada. Y ¿cómo sabrás qué es (ese abismo)? ¡Un fuego ardiente! (Corán, 101:6-11).
Es importante comprender la intensidad del dolor y angustia que experimentarán los incrédulos el Día del Juicio. Cuando éste llegue ya será demasiado tarde para arrepentirse. Si se capta lo que decimos aquí y no se pierde ni un solo segundo en comprometerse a realizar buenas obras, se podrá esperar que resulten en obras de peso para una vida agradable (en el Paraíso). Unicamente ese esfuerzo puede salvar al ser humano del gran lamento en el Más Allá.

LA AFLICCION QUE SE SENTIRA EN EL INFIERNO

LA AFLICCION QUE SE SENTIRA EN EL INFIERNO

 Cuando alcancen a ver
(el fuego del Infierno)
desde un lugar lejano, oirán su furor y bramido (Corán, 25:12)

El Remordimiento Que Sentirán Los Incrédulos Al Ver El Infierno

El Día del Juicio, luego de que los no creyentes rindan cuentas, serán reunidos y conducidos al Infierno en “grupos”. Entre esa multitud estarán todos los que negaron la religión y la existencia de Dios a lo largo de la historia y quienes se desviaron con arrogancia de los signos de El. También se encontrarán allí los que gozaron de riqueza y fama. Para su desengaño, se darán cuenta de que todas esas cosas a las que dieron importancia en la vida mundanal, no les salvarán del castigo eterno. Dios nos informa en el Corán que todos los incrédulos serán arrojados de manera denigrante al Infierno. Los guardianes les harán confesar sus crímenes por última vez frente a las puertas del Averno y luego les darán ingreso. A continuación se cerrarán las puertas detrás de ellos por toda la eternidad. Dios refiere en el Corán la manera en que los impíos son conducidos al Infierno:
Los infieles serán conducidos en grupo a la gehena. Hasta que, llegados a ella, se abrirán las puertas y sus guardianes les dirán: “¿No vinieron a vosotros enviados, salidos de vosotros, para recitaros los Signos (versículos) de vuestro Señor y preveniros contra el encuentro de éste vuestro Día?”. Dirán: “¡Claro que sí!”. Pero se cumplirá la sentencia del castigo contra los infieles. Se dirá: “¡Entrad por las puertas de la gehena, para estar en ella eternamente!”. ¡Qué mala es la morada de los soberbios! (Corán, 39:71-72).
“Eso es por haberos regocijado en la tierra sin razón y por haberos conducido insolentemente. ¡Entrad por las puertas de la gehena, para estar en ella eternamente! ¡Qué mala es la morada de los soberbios!” (Corán, 40:75-76).
Ninguna persona de esa multitud podrá decir que no fue advertida de la llegada de ese día. Porque Dios, Quien es Justo, ha enviado mensajeros a todos los individuos para recordarles Su existencia, el Día del Juicio, el Paraíso y el Infierno.
Es decir, quedará en claro que al advertírseles sobre lo que significaba el Día del Reconocimiento, se mostraron arrogantes y evitaron servir a Dios, el Uno Que los creó. El Corán nos informa que gente así será humillada en el Infierno:
Vuestro Señor ha dicho: “Invocadme y os escucharé. Los que, llevados de su altivez, no Me sirvan entrarán, humillados, en la gehena” (Corán, 40:60).
El Mensajero de Dios (BP) subraya en una tradición el mismo punto: “.…¿Quieren que les informe acerca de la gente del Fuego? Incluye a todas las personas crueles, violentas, orgullosas y engreídas” (Bujari)
Algunos de esos individuos, al considerarse superhombres en el mundo, se revelan con insolencia en contra de su Señor. Suponen que el poder con que cuentan les proveerá la salvación. Cuando se les recuerda la existencia del Paraíso, del Infierno y que Dios es al-Qahhar (El Que Somete), ofreciéndoseles la guía a Su camino preferido, contestan:
...“¿Cómo es que Dios no nos castiga por lo que decimos?”. Les bastará con la gehena, en la que arderán. ¡Qué mal fin...! (Corán, 58:8).
En respuesta a su rebelión serán llevados al Infierno, del que no se les permitirá salir nunca, a menos que Dios desee otra cosa. Debido a sus extravíos, al ver el Fuego sentirán una congoja insoportable. Dios revela que ese es el momento preciso en el que comprobarán que no hay ninguna manera de salir de allí:
Los pecadores verán el Fuego y creerán que se precipitan en él, sin encontrar modo de escapar (Corán, 18:53).
La comprensión será muy aguda en el Infierno. Todo lo que los incrédulos fingen ignorar en el mundo, se les presentará muy claramente. Comprobarán que se pasaron la vida tras propósitos vanos e intrascendentes. En definitiva entenderán que a cambio de beneficios pequeños y temporarios, logrados en unos pocos decenios transcurridos en el mundo sin pensar nunca en la otra vida, deberán permanecer en el tormento eternamente. Descubrirán que prefirieron este mundo donde la insatisfacción es permanente, antes que una vida dichosa donde no habrá ningún tipo de achaques físicos, como el hambre y la postración. Apenas pasen las puertas del Averno advertirán que no hay forma de escapar. Como último recurso, para evitar el tormento, buscarán la salvación ofreciendo rescate: querrán entregar todo lo que poseen en este mundo. Pero será un intento inútil que se describe así:
...A los que no Le escuchen, aunque posean todo lo que hay en la tierra y otro tanto y lo ofrezcan como rescate, les irá mal al ajustar cuentas. Su morada será la gehena. ¡Qué mal lecho...! (Corán, 13:18).
Dios remarca que ese empeño no les sirve de nada:
Hoy no se aceptará ningún rescate por parte vuestra ni por parte de los que no creyeron. Vuestra morada será el Fuego, que es vuestro lugar apropiado” ¡Qué mal fin...! (Corán, 57:15).
Existe una razón importante para que dicha pretensión sea rechazada: Dios les había advertido del Infierno cuando aún estaban en el mundo; les había explicado con claridad absolutamente todo; les había dicho que los condenados no podrían ayudarse uno al otro y que de nada valdría el rescate ofrecido porque no sería aceptado:
Temed un Día en que nadie puede satisfacer nada por otro, ni se acepte la intercesión ajena, compensación ni auxilio (Corán, 2:48).
Pero a pesar de todas esas advertencias insistirán en desmentir la realidad y se prepararán a conciencia para ese triste final. El día en que se los mande al Infierno reconocerán algo importante: fueron sus propias acciones las que los condujeron allí. A eso se debe que descubrirán algo significativo: si se hubiesen dedicado a ganarse el favor de Dios en vez de perseguir objetivos fútiles, no estarían a las puertas del Infierno sino en el Paraíso. Debido al fracaso en obrar en consonancia con el sendero recto, sufrirán pérdidas terribles.
Como comunica Dios en el versículo veinte del capítulo noventa, Se cerrará un Fuego sobre ellos. Una vez que atraviesen las puertas del Infierno, éstas se cerrarán a sus espaldas. Una vez allí adentro, padecerán los tormentos del fuego infernal permanentes, en tanto Dios quiera. No tendrán ninguna posibilidad de rehuir esa situación. A ese fuego Dios lo denomina “La Trituradora”, como lo leemos en el capítulo Humazah (“El Difamador”):
Y ¿cómo sabrás que es la hutama (la trituradora)? Es el Fuego de Dios, encendido, que se eleva hasta los corazones. Se cerrará sobre ellos en extensas columnas (de llamas) (Corán, 104:5-9)

El Tormento Al Que Harán Frente Los Incrédulos

Previo a seguir hablando de la aflicción que enfrentarán los incrédulos en la otra vida, será provechoso describir el tormento en el Infierno, porque si no se es consciente del mismo podría no llegar a comprenderse la dimensión de la congoja que se sufrirá allí.
Como dijimos antes, el pesar de los incrédulos comenzará en el mismo instante en que visualicen el Infierno y continuará luego eternamente. Sus moradores dialogarán así:
Quienes no hayan creído en su Señor tendrán el castigo de la gehena. ¡Qué mal fin...! Cuando sean arrojados a ella, oirán su fragor, en plena ebullición, a punto de estallar de furor. Siempre que se le arroje una oleada (de réprobos), sus guardianes les preguntarán: “¿Es que no vino a vosotros un monitor?”. “¡Claro que sí!”, dirán. “Vino a nosotros un monitor, pero desmentimos, y dijimos: ‘Dios no ha revelado nada. No estáis sino muy extraviados’ ”. Y dirán: “Si hubiéramos oído o comprendido, no moraríamos ahora en el fuego de la gehena”. Confesarán su pecado. ¡Que Dios aleje (de Su misericordia) a los Compañeros del Fuego! (Corán, 67:6-11).
Dios nos cuenta en los versículos que al ser arrojados al Infierno oirán un ruido terrible, al que describe como fragor, en plena ebullición. Ese sonido les producirá una zozobra y temor espantosos. Dios también describe el fuego del Infierno como una combustión a punto de estallar de furor. Cuando los que niegan todo eso sean testigos de dichos sucesos, se verán invadidos por la desesperación pues deducirán el castigo que afrontarán. Según comunicó nuestro Señor y vimos antes, hablarán acerca de la ansiedad y congoja que sienten debido a que no habían comprendido todo eso mientras estaban en el mundo.
Esa angustia es comprensible porque la penalidad que arrostrarán será extremadamente horrible y dolorosa. En los versículos que siguen se comunica que el Infierno es el peor lugar en donde permanecer:
...¡Qué mal fin...! (Corán, 3:162).
...¡Mal fin...! (Corán, 4:115).
...¡Qué mala es la mansión de los impíos! (Corán, 3:151).
...¡Qué mala morada...! (Corán, 14:29).
De modo similar se describe el Infierno en las tradiciones del Profeta (BP):
“De la gente del Infierno, algunas serán sumergidas en el fuego hasta los tobillos, algunas más hasta las rodillas, otras hasta la cintura y otras más hasta el cuello” (Muslim).
A ese mal refugio serán arrojados montones de seres humanos.Dios dice en un versículo, Ellos y los descarriados serán precipitados en él. (en el fuego del infierno) (Corán, 26:94). De aquí se comprende que todos los incrédulos, incluidos los altaneros, ricos y de reputación, serán arrojados al fuego como cosas inservibles. En respuesta a la arrogancia exhibida en este mundo, serán despreciados y humillados.
En el Infierno no merecerán ninguna estima y nunca recibirán misericordia. Vivirán la pesadumbre y el dolor eternamente. Dios lo revela así:
Vosotros y lo que servís en lugar de servir a Dios, seréis combustible para la gehena. Bajaréis a ella (Corán, 21:98).
...Esos servirán de combustible para el Fuego (Corán, 3:10).
El Corán nos informa de varios tipos de castigo en el Infierno. La mayoría de sus moradores estarán allí, como lo dice el versículo, “eternamente”(Corán, 21:99).
En otras palabras, el tormento será permanente. Algunos de esos castigos se pueden describir como sigue:
a) Cuando, atados unos a otros, sean precipitados en un lugar estrecho de él (de ése fuego)... (Corán, 25:13) Quienes son dejados en un espacio estrecho, aunque más no sea unos pocos minutos, quedan tiesos. Incluso el sólo pensar que se permanecerá rodeado por paredes elevadas resulta algo insoportable. Sin embargo, el tormento del Infierno es incomparablemente peor que cualquier situación sufrida y tortuosa en este mundo. Pero además de estar confinados en un espacio estrecho, también estarán sometidos al fuego. Y no podrán moverse ni escapar por estar amarrados entre ellos con cadenas. Resulta inaguantable el sólo pensar una escena así.
b) a la sombra de un humo negro, (Corán, 56:43) En general, la palabra “sombra” nos recuerda la “frescura”. Sin embargo, no es ese el caso en lo que respecta al Infierno, puesto que Dios nos informa que allí la “sombra” no es refrescante ni tibia.
c) Otra forma de castigo en el Infierno es la inmortalidad. Después de todo, el deceso es una forma de liberación. Por eso es que Dios no permite que la gente del Averno fallezca:
...La muerte vendrá a él por todas partes, sin que llegue a morir... (Corán, 14:17)
Experimentarán todo tipo de ataques que, en condiciones terrenales, les ocasionaría la muerte. Pero en la otra vida no perecerán sino que continuarán sufriendo más tormentos, tanto como Dios quiera.
El Profeta Muhammad (PB) también nos hizo saber que en el Más Allá no habrá otra muerte: “Cuando en el Jardín moren sus habitantes y en el Fuego los suyos, se llamará a la muerte y se la colocará entre el Paraíso y el Infierno. A continuación se anunciará lo siguiente: ‘¡Habitantes del Jardín! ¡No hay más muerte! ¡Habitantes del Fuego! ¡No hay más muerte!’ Lo oído aumentará el deleite de los habitantes del Jardín y la angustia de los habitantes del Fuego” (Muslim).
ch) En este mundo las quemaduras severas conducen en gran medida a la muerte en un tiempo breve. Es muy difícil resistir el fuego o calor muy intensos sin los medios necesarios. Y aunque alguien no se muera y sólo quede herido, la recuperación lleva un tiempo muy prolongado. Pero en el Infierno el tormento del fuego será inconmensurablemente mayor a las peores quemaduras que podamos recibir en la Tierra. En el Averno la piel se irá renovando a medida que se quema, de modo que el condenado experimentará una zozobra sin fin (Corán, 4:56). En resumen, el dolor que se sufrirá en el Infierno, causado por el fuego, no finalizará nunca, a menos que Dios desee otra cosa.
d) Otro tipo de tormento causado por la combustión se describe en el versículo 51:13, donde Dios dice que los Compañeros del Fuego serán torturados por éste. Es difícil comprender el dolor que causará esa situación. Si tenemos en cuenta el padecimiento que en este mundo motiva una pequeña quemadura, podríamos llegar a discernir el grado de sufrimiento que provocará ese tormento en la otra vida.
En tanto sucede todo lo antedicho, allí el ser humano conocerá también lo siguiente:
e)     Sujetadle, luego, a una cadena de setenta codos (Corán, 69:32).
Para los infieles hemos preparado cadenas, argollas y fuego de gehena (Corán, 76:4).
se emplearán en ellos focinos de hierro (Corán, 22:21).
...y sus frentes, costados y espaldas sean marcados con ellos (con el oro y la plata que atesoraron en la vida de este mundo) (Corán, 9:35).
f) ...A los infieles se les cortarán trajes de fuego y se les derramará en la cabeza agua muy caliente (Corán, 22:19).
sus indumentos hechos de alquitrán, cubiertos de fuego sus rostros (Corán, 14:50).
g) sin probar frescor ni bebida, fuera de agua muy caliente ... (Corán, 78:24-25).
h) ni más alimento que de guisilin (sangre y pus) (Corán, 69:36).
i) Para alimentarse los habitantes del Averno dispondrán solamente de espinas amargas y del árbol de zaqqum. Dios nos informa que dicho árbol se convertirá en un tormento para ellos:
El árbol de az-Zaqqum es el alimento del pecador. Es como metal fundido, hierve (es decir, sus frutos hierven) en las entrañas como agua hirviente. “¡Agarradle y llevadle en medio del fuego de la gehena! Castigadle, luego, derramando en su cabeza agua muy caliente”. “¡Gusta! ¡Tú eres ‘el poderoso’, ‘el generoso’! Esto es aquello de que dudabais” (Corán, 44:43-50).
A partir de las descripciones que da el Corán, sabemos que los alimentos en el Infierno tendrán un efecto sofocante. Los condenados intentarán sorber la bebida purulenta a tragos, pero no podrán. Nunca serán capaces de tragarla. El pus, que es una de las cosas más repugnantes en este mundo debido a su apariencia, condición y olor, también estará entre las cosas que comerán la gente del Infierno. Esas cosas les infligirá una gran aflicción. Pero fuera de padecer hambre no tendrán ninguna alternativa más que comerlas. De todos modos, lo que coman no satisfará su hambre. Es decir, sufrirán el padecimiento del hambre eternamente:
No tendrán más alimento que de dari (planta espinosa y amarga del desierto), que no engorda ni sacia (Corán, 88:6-7).
Dios brinda en el Corán otras descripciones sobre los tormentos en el Infierno:
j) Gemirán en él (en el Infierno), pero no podrán oír en él(Corán, 21:100)
k) que permanecerán allí durante generaciones (Corán, 78:23).
l) Eternos en él (en el Infierno), no se les mitigará el castigo, ni les será dado esperar (Corán, 3:88).
m) Querrán salir del Fuego, pero no podrán... (Corán, 5:37).
Los tormentos mencionados infligirán a los incrédulos sufrimientos y congojas imposibles de imaginar. Rogarán por su salvación muchas veces e incluso aceptarán que se les saquen sus almas. Dios relata en el Corán la conversación de esas personas en el Averno:
Llamarán: “¡Malik! ¡Que tu Señor acabe con nosotros!” El dirá: “¡Os quedaréis ahí!”. “Os trajimos la Verdad, pero la mayoría sentisteis aversión a la Verdad” (Corán, 43:77-78).
Apartarse de la religión (din) y no prestar atención a las advertencias llevará a esa situación, como lo comunica el Corán. A la vez, Dios no responderá al llamado de esa gente, a la que mantendrá en el tormento tanto como desee.
Los mencionados son sólo algunos de los padecimientos que soportarán quienes negaron a Dios y la existencia del Más Allá e ignoraron las advertencias acerca del Paraíso y el Infierno. Además, hay otro tormento que siempre afligirá a los incrédulos. Se trata del sentimiento de arrepentimiento, del que no se podrán apartar en ningún momento. Incluso aumentará en intensidad debido a la aflicción que produce el ser enviado al Infierno, el lugar más terrible que se podrá llegar a ver. Como dijimos antes, mientras experimenten el sufrimiento recordarán que si hubiesen obrado de acuerdo con la orientación correcta no les habría acontecido ninguna desgracia. Les será imposible evitar esa compunción y pesar.

La Congoja Que Sentirán Los Incrédulos En El Infierno

Después de experimentar la severidad del castigo, los incrédulos se verán atrapados por la aflicción de no haber tenido fe en Dios mientras estaban en el mundo. Pero esa congoja no cambiará su situación. Habrán sido muchas las oportunidades ofrecidas y rechazadas en esta vida, por uno u otro motivo. Al comprender lo que hicieron se lamentarán por cada una y todas las cosas que en este mundo les distrajeron de Dios y del Más Allá y les llevó a los caprichos o irracionalidad en los asuntos mundanales.
Dios nos explica en el Corán que el lamento de los incrédulos estará lleno de cólera:
El Día que, en el Fuego, se desencajen sus rostros de dolor, dirán: “¡Ojalá hubiéramos obedecido a Dios! ¡Ojalá hubiéramos obedecido al Enviado!”. Y dirán: “¡Señor! ¡Hemos obedecido a nuestros señores y a nuestros grandes y nos han extraviado del Camino! ¡Dóblales, Señor, el castigo y échales una gran maldición!” (Corán, 33:66-88).
Hasta que, al comparecer ante Nosotros, diga (el infiel al demonio): “¡Ojalá nos hubiera separado, a mí y a ti, la misma distancia que separa al Oriente del Occidente!”. ¡Qué mal compañero...! Hoy no os aprovechará compartir el castigo por haber sido impíos (Corán, 43:38-39).
Como sugieren los versículos, esperan salvarse de la situación en que están por medio de condenar a quienes les desviaron del sendero recto. Pero Dios concede conciencia a todos los seres humanos para que puedan ser guiados en la dirección adecuada. También nos dotó con voluntad para llevar a cabo las decisiones pertinentes. Es decir, al ser humano se lo capacita con ambas cualidades como así también con el conocimiento de lo justo y lo injusto. En consecuencia, depende de cada persona la decisión a tomar. Además Dios sabe si en lo más profundo del corazón la persona cree o no en El y su doctrina. Por lo tanto, quienes conducen al Infierno y quienes los siguen serán debidamente castigados. Ese día nadie será responsable de los pecados de otros.
Mientras cierta gente se induce una a otra a cometer maldades, probablemente piensen muchas veces que tendrán que rendir cuentas en el Más Allá. Pero así y todo consideran algo menor, insignificante, las perversidades que cometen. Animan a otros a rechazar a Dios diciendo, por ejemplo, “Haz lo que te digo. Yo me hago cargo”. Satanás también hace promesas tentadoras con el objeto de llevar por el camino equivocado. Pero Dios, al decirnos, ...y vendrá, solo, a Nosotros (Corán, 19:80), nos informa que esas promesas no servirán para nada.
Ese día los incrédulos verán con toda claridad que están solos. Comprenderán algo importante: fuera de Dios no tienen amigo ni protector. Sus amigos y mentores en este mundo, les dejarán solo en el Averno. También Satanás —a quien Dios abandonó y los incrédulos toman como protector— les será desleal y les hablará así:
El Demonio dirá cuando se decida la cosa (mediante el Juicio): “Dios os hizo una promesa de verdad, pero yo os hice una que no he cumplido. No tenía más poder sobre vosotros que para llamaros y me escuchasteis. No me censuréis, pues, a mí, sino censuraros a vosotros mismos, Ni yo puedo socorreros, ni vosotros podéis socorrerme. Niego que me hayáis asociado antes a Dios”. Los impíos tendrán un castigo doloroso, (Corán, 14:22).
Otra fuente de pesar será ver la deslealtad de los que consideraban sus amigos. Comprenderán claramente que aparte de Dios no pueden protegerse en nadie más. Sin embargo, el comprobar todo eso no servirá de alivio a sus tribulaciones. Ese día reñirán entre sí, a la vez que confesarán sus pecados. Dios describe esa situación:
Ya en él (en el Infierno), dirán mientras disputan: “¡Por Dios, que estábamos, sí, evidentemente extraviados cuando os equiparábamos al Señor del universo! Nadie sino los pecadores nos extraviaron y, ahora, no tenemos a nadie que interceda, a ningún amigo ferviente. Si pudiéramos volver (a la Tierra) para ser creyentes...” (Corán, 26:96-102).
Como se relata en los versículos anteriores, al estar los incrédulos inmersos en una congoja profunda, desearán retornar al mundo con el objeto de realizar buenas obras que les serían provechosas en el Más Allá. Sin embargo, será un deseo inaceptable. Comprobarán que todo lo que persiguieron con tanto afán en este mundo —riqueza, títulos académicos, belleza, etc.—, no tiene ningún valor en la otra vida. Dios describe en el Corán algunas de sus expresiones de pesar:
Aquél que reciba su Escritura en la siniestra, dirá: “¡Ojalá no se me hubiera entregado mi Escritura y no hubiera conocido el resultado de mi juicio! ¡Ojalá hubiera sido definitiva (mi muerte)! De nada me ha servido mi hacienda. Mi poder me ha abandonado”. “¡Agarradle y ponedle una argolla al cuello! ¡Que arda, luego, en el fuego del Infierno! ¡Sujetadle, luego, a una cadena de setenta codos!”. No creía en Dios, el Grandioso, ni animaba a dar de comer al pobre. Hoy no tiene aquí amigo ferviente (Corán, 69:25-35).
Ese Día se traerá el Infierno, ese Día el hombre se dejará amonestar —y ¿de qué le servirá entonces la amonestación?— y dirá: “¡Ojalá hubiera enviado por delante (buenas obras) para mi (otra) vida!” (Corán, 89:23-24).
Además, el ser testigos del goce y felicidad de los Compañeros del Jardín profundizará su aflicción. Verán las notables diferencias entre la vida de los Compañeros del Jardín y la de ellos. Dios llama la atención sobre esa disparidad y describe en el Corán el aspecto de los Compañeros de Fuego:
Abatida la mirada, cubiertos de humillación, (Corán, 68:43).
mientras que otros, ese Día, estarán tristes, (Corán, 75:24).
Por otra parte, describe los rostros de los Compañeros del Jardín:
Ese Día, unos rostros estarán radiantes, risueños, alegres, (Corán, 80:38-39).
Los incrédulos, como dijimos, no encontrarán ningún otro alimento además de agua hirviente, pus, espinas amargas y el árbol de zaqqum. Los creyentes, en cambio, serán premiados con ríos de leche y miel, bebidas deliciosas servidas en copas, todo tipo de frutas y cualquier cosa que deseen. Dios describe el alimento de los Compañeros del Jardín:
Imagen del Jardín prometido a quienes temen a Dios: habrá en él arroyos de agua incorruptible, arroyos de leche de gusto inalterable, arroyos de vino, delicia de los bebedores, arroyos de depurada miel. Tendrán en él toda clase de frutas y perdón de su Señor. ¿Serán como quienes estén en el Fuego por toda la eternidad, a los que se dará de beber un agua muy caliente que les roerá las entrañas? (Corán, 47:15).
Por cierto, no hay ningún paralelo entre los favores que se les concederá a los creyentes y el alimento de los incrédulos, el cual de ninguna manera satisfará el hambre que sienten y se convertirá en una fuente más de suplicio permanente. Además, serán expuestos al fuego durante siglos. La piel les crecerá de nuevo luego de quemarse y ese proceso se repetirá una y otra vez. Pedirán a gritos algún alivio y frescor. Anhelarán los favores concedidos a los Compañeros del Jardín, quienes reposan a la sombra, y los pedirán para ellos. Dios narra esta situación en el Corán:
Los moradores del Fuego gritarán a los moradores del Jardín: “¡Derramad sobre nosotros algo de agua o algo de lo que Dios os ha proveído!”. Dirán: “Dios ha prohibido ambas cosas a los infieles, (Corán, 7:50).
El pedido de los incrédulos nunca será respondido. Dios afirma lo siguiente en un versículo:
...Hemos preparado para los impíos un fuego cuyas llamas les cercarán. Si piden socorro, se les socorrerá con un líquido como de metal fundido, que les abrasará el rostro. ¡Mala bebida! ¡Y mal lugar de descanso! (Corán, 18:29).
Además, Dios regalará a los Compañeros del Jardín ropa verde, fina seda, rico brocado y brazaletes de plata y oro. Los Compañeros del Fuego, en cambio, tendrán vestimenta de alquitrán especialmente preparada. Los creyentes morarán en agradables habitaciones y camas elevadas, reclinados sobre exquisitos tapetes y sofás forrados con rico brocado. Los incrédulos, por el contrario, tendrán el Infierno por lecho y, por encima, cobertores... (Corán, 7:41)
Dios nos informa que los creyentes tendrán todo lo que deseen y serán honrados con una vida pacífica y placentera en el Jardín:
...y tendrán junto a su Señor lo que deseen... (Corán, 42:22).
Dios les preservará del mal de ese Día y les llenará de esplendor y alegría (Corán, 76:11).
Si los incrédulos asumieran en el mundo una actitud sincera, honesta y consciente, obrando según las órdenes de Dios, no se verían sometidos a suplicios en el Infierno, donde la congoja se les multiplicará al pensar en la situación favorable de los Compañeros del Jardín. Dios define la desgracia del Infierno y el pesar que sentirán como “tribulación”, y dice que todos los intentos por escapar del mismo concluirán en otro castigo:
Siempre que, de atribulados, quieran salir de él (del Infierno), se les hará volver: “¡Gustad el castigo del Fuego!” (Corán, 22:22).
Es decir, el Infierno es un lugar del que no se sale, en donde la pena o remordimiento no sirve para nada al ser humano, no tiene sentido. En el instante en que los incrédulos mueren, los ángeles les dirán que nunca experimentarán algo bueno, a menos que Dios desee otra cosa:
El Día que vean a los ángeles, no habrá, ese Día, buenas nuevas para los pecadores. Dirán: “¡Límite infranqueable!” Corán, 25:22).
Debido a todo eso los incrédulos descubrirán que la única salida que les queda a esa situación es la destrucción total. Rogarán por la misma pero no les valdrá de nada. Será así porque vivieron lo suficiente como para recibir la amonestación pero prefirieron rechazarla a consciencia apartándose de la verdad. En respuesta a esa actitud Dios les dirá:
“¡No invoquéis hoy una sola destrucción sino muchas destrucciones!” (Corán, 25:14).
“¡Arde en él (en el Fuego)! Debe daros lo mismo que lo aguantéis o no. Sólo se os retribuye por vuestras obras” (Corán, 52:16).
En el versículo 7:40 Dios explica que es imposible que los incrédulos abandonen el Infierno y entren al Jardín al decir, ...ni entrarán en el Jardín hasta que entre un camello en el ojo de una aguja... También nos informa que por ser negligentes y descuidados en el mundo, se apartaron del sendero recto y no dieron ninguna importancia al encuentro el Día del Juicio. No recibirán ninguna respuesta o ayuda de Dios:
Dirá (Dios): “Igual que tú recibiste Nuestros Signos y los olvidaste, así hoy eres olvidado” (Corán, 20:126).
Se dirá: “Hoy os olvidamos Nosotros, como vosotros olvidasteis que os llegaría este día. Tendréis el Fuego por morada y no encontraréis quien os auxilie (Corán, 45:34).
que tomaron su religión a distracción y juego, a quienes la vida de acá engañó”. Hoy les olvidaremos, como ellos olvidaron que les llegaría este Día y negaron Nuestros Signos (Corán, 7:51).
Implorarán a Dios para salvarse del Fuego y El les responderá:
“¡Señor! ¡Sácanos de él (del Infierno)! Si reincidimos, seremos unos impíos”. Dirá (Dios): “¡Quedaos en él y no Me habléis!” (Corán, 23:107-108).
Los incrédulos sobrellevarán un castigo terrible consistente en suplicios y en no recibir ningún tipo de ayuda en ningún momento. Dios no derramará Su misericordia sobre ellos, no les protegerá, y no perdonará sus pecados y culpas. Si hubiesen buscado refugio en Dios cuando estaban en el mundo, habrían descubierto que El es el Perdonador y el Misericordiosísimo con los sinceros. No obstante, una vez que entren al Averno todo lo que piensen o razonen ya no les servirá de nada.
Después de todo lo dicho, habría que ponderar ciertos hechos: Dios es misericordioso y compasivísimo con Sus siervos y éstos deberían tomar a El como único amigo y protector. De no proceder así, arriesgan terminar en el Infierno. Y una vez que las puertas de éste se cierren ya no se abrirán y no tendrán posibilidades como las que tuvieron en este mundo, a menos que Dios desee otra cosa. Dios indica el camino de salvación:
salvo si se arrepienten, se enmiendan, se aferran a Dios y rinden a Dios un culto sincero. Estos estarán en compañía de los creyentes y Dios dará a los creyentes una magnífica recompensa. ¿Por qué va Dios a castigaros si sois agradecidos y creéis? Dios es agradecido, omnisciente (Corán, 4:146-147).